Diverdi no. 160 (Junio 2007)

COLOR Y TEMBLOR

Alrededor de sesenta sonatas para flauta travesera y bajo continuo compuso il inglese Roberto Valentini, instalado en Roma desde 1701 hasta su muerte en 1747, violinista de la congregazione di S. Cecilia cuya música instrumental sería poco menos que ignorada en el contexto de una Italia todavía más amante de la voz que en cualquier otra época. Doce de estas sonatas, contenidas en una colección recientemente descubierta en Parma, son interpretadas por un Ensemble Mediolanum que ofrece una significativa y muy agradable muestra del arte especialmente dotado para la melodía de Valentini, de sus allegros animados por rítmicas especialmente vivas, de sus adagios en ocasiones de expresión algo seca y concisa pero de encanto cierto y hábil construcción. Son piezas, sobre todo las seis primeras sonatas, concebidas para suscitar de inmediato el placer del oyente, algo derivativas del estilo corelliano, si bien las más maduras revelan mayores exigencias en cuanto a originalidad y técnica, una mayor variedad dinámica y un acusado gusto por el contraste: la flauta se mueve en éstas (Sonatas n° 9 en do menor, 10 en mi menor y 12 en do mayor, en concreto) por ámbitos entre medios y agudos alternándolos de modo extremo y sin perder nunca el general refinamiento sonoro. La Sonata n° 12, la más hermosa de las contenidas en el disco, incluye además un gran tercer movimiento, altamente lírico y evocador, inspirado en el estilo más fogoso de Vivaldi pero sin perder demasiado — sólo aqui, eso sí — en la comparación con el genial veneciano.
La solista Sabine Ambos, acompañada por el violonchelo de Felix Koch y el clavicémbalo de Wiebke Weidanz (continuo nítidamente delineado y perfecto ajuste los tres en los garbosos unísonos), exhibe una destacada sensibilidad para la ornamentación y un carnal y trémulo rubato, rebosante de sutiles inflexiones rítmicas.

Norberto Tauste