CD Compact (10.2009)
RECOMENDADO

Un aroma goyesco de galán de noche en las tapias de Madrid, de muchachas que se retiran presurosas tras los visillos, y de alguaciles que hacen su ronda antes del alba, se respira en este disco de delicada presentación, testimonio del renacer cultural de la capital a finales del siglo XVIII, y una de las escasas muestras hispanas del género de sonata para violín. Como se sabe, las razones de ese nuevo florecimiento reposan en buena medida en el ascendiente aportado por los músicos italianos asentados en la corte o en su órbita. Casi desde su infancia vinculado al futuro rey Fernando VI, y notablemente influenciado en su formación por autores como Corselli o Geminiani, el segoviano Juan de Ledesma no sólo formaría parte durante treinta años de la Capilla Real, sino que también oficiaría como violista de la primera orquesta de ópera creada en Madrid por Farinelli, en lo que constituye una prueba palpable del grado de familiaridad que Ledesma (por encima de otros coetáneos como Herrando o Terri) había alcanzado con la música de patrones italianos. Estas afinidades se dejan sentir claramente en el disco, en el que se perciben ecos no sólo de Tartini, sino también de melodías claramente españolas en su inspiración, que hermanan su música con la de Boccherini o Scarlatti pero que en esta grabación se nos presentan sin los aires de folclorismo cazallero y excesivamente jacarandoso de otros registros de la época.
Las sonatas (de tres movimientos), incluidas en un manuscrito de 1760 perteneciente al Conde de Fernán Núñez que en un principio se consideraron perdidas en el incendio del palacio de Liria de 1936, fueron felizmente rescatadas por el musicólogo Lothar Siemens en 1986, siendo ésta la primera vez que se graban.
La interpretación corre a cargo de una terna de jóvenes músicos encabezados por el mallorquín Blai Justo, colaborador habitual de La Petite Bande, Il Fondamento, Anima Eterna o el Collegium Vocale Gent. Justo demuestra una exquisita connivencia con sus acompañantes en una versión muy idiomática provista de una gama de matices cuidada, con una cuerda muy poco enfática que, sin aflojar los goznes de una sonata a otra, aporta embellecimientos muy honestos con un sonido libre de asperezas. Convenientemente argumentado en el libreto, Blai Justo usa un violín de 2003 que resta importancia a su falta de solera con una construcción que busca una intención sonora determinada y que sin duda consigue en este disco, con un sereno equilibrio en sus cadencias. Los acompañamientos están igualmente escogidos con estudiada precisión en función del carácter de cada pieza; violoncelo y guitarra barroca en la primera y la cuarta, y violoncelo y guitarra pre-romántica en la tercera y la quinta proporcionan un sostén elegante a una música que no escatima guiños a todos los gestos del violinismo neogalante insertados en el canon de minué con variaciones en el caso de la primera y la quinta sonata. Realmente sublimes algunos movimientos lentos (que contrastan con la tonalidad principal), como el elegante andantino de la segunda.
Es por tanto un disco de aparición necesaria, revelador en justicia de una porción de la tradición musical española sobre la que existe una inmerecida oscuridad, y que seguiría resultando placentero aunque el mercado rebosase de versiones de estas sonatas. Otras versiones que, tras su escucha, a nadie le dará impresión de que hagan ninguna falta.
Daniel Muñoz