CD Compact (05.2009)
RECOMENDADO

La historia de la música no ha hecho todavia verdadera justicia a Giovanni Bononcini (1640-1747). Con tan sólo 15 años, había publicado ya tres colecciones de música de cámara (con el violoncelo como instrumento protagonista). Con 17, era violoncelista en San Petronio, de Bolonia, y había ingresado en la Academia Filarmónica. Y con 18, pero que suele pasar inadvertido. Parece como si Bononcini sólo existiera desde su arribo a Londres y, sobre todo, desde el inicio de su rivalidad con Händel. No es justo que el episodio por el que ha pasado a la posteridad sea ése en el que se le acusaba de plagio y por el que se vio obligado a abandonar Inglaterra. Su obra, inmensa, merecería mayor respeto. San Nicola di Bari, oratorio para cuatro voces con concertino y concerto grosso, es una de las pocas compositiones musicales inspiradas en la vida de este santo, uno de los más venerados en el sur de Italia. El libreto es obra de Silvio Stampiglia, quien se centra en la juventud de San Nicolás, para lo cual se vale de personajes ficticios, como Clizio, un joven dado a la vida muelle que al final, persuadido por el santo, abandona los placeres terrenales por los espirituales. Los escasos efectivos tanto vocales (cuatro) como instrumentales no le restan ni un ápice de belleza a este oratorio, que posee arias verdaderamente estremecedoras, como la de San Nicolás “M’incateni, e si mi sciogli”. Las dos sopranos (Lavinia Bertotti y Elena Cecchi Fedi) están cautivadoras en sus papeles de San Nicolás y Giovanna. Gabriella Martellacci (Clizio) posee una sensual voz grave, pero tiene un pequeño problema de rotacismo que por momentos se hace incómodo de escuchar. En cuanto al veterano baritono Furio Zanasi, poco se puede decir de él que no se sepa ya a estas alturas. Les Muffatti, que tuvieron una brillante irrupción en este mismo sello Ramée con sendos disco dedicados a Georg Muffat y a Johann Christoph Pez, mantienen el altísimo nivel de entonces y se confirma como una de las agrupaciones historicistas de nuevo cuño más interesantes.
Eduardo Torrico