CD Compact (06.2010)
RECOMENDADO

Los motetes de Bach, pequeñas piezas corales que fueron escritas principalmente como música de funeral, han sido interpretados a lo largo de los años de maneras diferentes. Hasta hace bien poco la disyuntiva radicaba en incluir o no instrumentos. Ahora el discurso tiene que ver con los efectivos vocales, pues cada vez cobra más fuerza la tendencia minimalista que iniciara Rifkin, que siguiera Parrott y que ahora defienden con entusiasmo algunos reputados directores bachianos. Hablando de reputados bachianos, pocos lo son tanto como Peter Kooij, considerado junto a Klaus Mertens el bajo por excelencia cuando de la música sacra del Kantor se trata. Kooij no canta en este disco, lo cual ya es noticia, sino que dirige a su grupo, Sette Voci, creado en 2001.
El holandés, siguiendo esa tendencia minimalista, utiliza en cada coro una voz por parte, con un minimo acompañamiento instrumental de órgano y violón. Estamos ante una versión equilibrada y cristalina, en la que Kooij no sólo extrae lo mejor de cada una de las voces, sino que aporta un fuerte toque personal, derivado de su amplisima experiencia en la interpretación de esta música. Es la suya una lectura descarnada, impregnada de una considerable dosis de religiosidad, en las antípodas, per ejemplo, de la de Masaaki Suzuki, publicada hace bien poco por BIS (en ella, el director japonés, otro de los que cuenta siempre con Kooij como bajo, utiliza dieciocho, porque los que busca es la suntuosidad). Nos encontramos ante el Bach más espiritual que uno pueda imaginarse, en el que, por paradójico que parezca, lo musical pasa a un segundo plano, pues lo que parece contar es el mensaje que se intenta transmitir con el texto.
A pesar del nombre del grupo, no son siete voces las empleadas por Kooij, sinon ocho: las sopranos Hana Blaziková (excelente, como siempre) y Zsuzsi Tóth; los contratenores Damien Guillon y Robin Blaze; los tenores Satoshi Misukoshi y Chris Watson, y los bajos Dominik Wörner y Jelle Draijer. El violón es el de Armin Bereuter y el órgano, o mejor dicho, los órganos (uno por coro), son los de Jan Jansen y Masato Suzuki, quien, como ya habrán podido deducir por el apellido, es hijo del anteriormente citado Masaaki Suzuki. Originalisima lectura la de esta gente, que hace de éste un disco de lo más recomendable, a pesar de la muy nutrida y reñda competencia con que se va a topar en el mercado.
Eduardo Torrico