CD Compact (12.2008)

El dilema que plantea la grabación de las tres sonatas para viola da gamba de Johann Sebastian Bach (BWV 1027 a BWV 1029), de las que, dicho sea de paso, hay decenas y decenas de versiones, es que es apenas supera los 40 minutos. Presentar hoy en día en el mercado un disco de tan corta duración es casi una garantía de que no lo va a comprar nadie, porque la gente se siente estafada cuando ve el minutaje. Hay que buscar, en consecuencia, otras obras del Kantor que guarden alguna relación, por forzada o por remota que sea, con estas sonatas, al objeto de que el producto tenga un cierto sentido unitario. La más socorrido es que se recurra al arreglo o a la transcripción de otras obras, práctica habitual en la época en que vivió Bach (el propio Bach fue un gran arreglador de sus obras y de las de los demás).
En este compacto, la violagambista holandesa Mieneke van der Velden no sólo ha adaptato obras que Bach no compuso para la viola da gamba, sino que incluso ha arreglado algunas de las que sí compuso para el mencionado instrumento. Por ejemplo, en la sonata BWV 1028 ha optado por utilizar un órgano en lugar del consabido clave. Es un arreglo mínimo, sí, pero arreglo a fin de cuentas. En la BWV 1027 ha optado, asimiso, por añadir el acompañamiento de un violin a la viola da gamba y al bajo continuo. Las obras seleccionadas por van der Velden para completar esta grabación son la sinfonía de la cantata Die Himmel erzählen die Ehre Gottes, BWV 76, que se interpreta con viola da gamba y órgano, y la sonata BWV 1038 (que no es de Bach, aunque durante mucho tiempo a él se le ha atribuido, sino de su hijo Carl Philipp Emanuel), la cual se interpreta con violin, viola da gamba y bajo continuo. Se incluyen, además, la fantasía BWV 917 (de autoría incierta) para clave y la sinfonia BWV 789 para órgano, sin que ambas hayan sido objeto de modificación alguna.
Van der Velden es una fiel representante de la escuela violadagambista holandesa, lo que quiere decir que si ustedes andan en busca de muchas florituras no habrán de acudir aquí. Son las suyas unas lecturas sobrias, tal vez en exceso, que en nada se parecen, por ejemplo, a las deslumbrantes lecturas de Fahmi Alqhai que les comentábamos en estas mismas páginas hace algunos meses. Es, ya se sabe, la eterna lucha entre los nórdicos y los meridionales, lucha que, por supuesto, no sólo afecta a la viola da gamba, sino a otros muchos instrumentos (y a otros muchas cuestiones de la vida). Los compañeros de van der Velden en este viaje (el violonista François Fernandez, el violadagambista Ricardo Rodríguez Miranda, el clavecinista Siebe Henstra y el organista Leo van Doeselaar), agrupados bajo el nombre de L'Armonia Sonora, se muestran igual de sobrios. Pero, ojo, que quede constancia de que sobriedad no es sinónimo de tedio, aburrimiento o sosería. El disco es ameno, aunque, por lo que a mí respecta, creo que incluiría a modo de recomendación al menos una decena de versiones ante que ésta.

Eduardo Torrico